Tu destino, Murcia, tierra de contrastes

La ciudad del sol, la luz y la temperatura ideal, la ciudad de la eterna primavera. Un lugar de historia y de futuro, donde el paisaje dibuja en el horizonte una villa de culturas que ha sido testigo de los más prodigiosos acontecimientos históricos.

La esencia de Murcia

El interior de la Región de Murcia invita al descanso, el disfrute de la naturaleza, el deporte y la buena mesa. Son estas comarcas de montañas, de caza y bosques, coronadas de castillos, fortalezas, ermitas y conventos. Historias y viejas leyendas adornan estas sugerentes y acogedoras tierras de gastronomía sabrosa y generosa en las que disfrutar de unos días de descanso al aire libre.

Una perla del Mediterráneo

Dos mares en una sola costa, Mar Menor y Mediterráneo, acantilados, paradisíacas y solitarias playas de interminable y blanca arena, animados puertos y calas salvajes de aguas de espejo, más de 3.000 horas de sol al año y suaves temperaturas (incluso en invierno), con una media anual de 17ºC. Así es la Costa Cálida, el destino ideal para pasar unos inolvidables días de descanso sea invierno o verano.

La cultura Murciana

Murcia, la capital de la Comunidad Autónoma que lleva su nombre, en la antigüedad fue puerto fluvial fenicio y romano, luego, provincia bizantina. En el año 831 Abderraman II mandó construir una urbe, como capital de toda la provincia califal. Así nació Mursiya, ciudad amurallada y estratégica a orillas del río Segura, que alcanzó durante el periodo barroco, un gran desarrollo artístico y urbano.

En la Murcia de hoy, cada piedra, cada vestigio, es una realidad con intenso pasado y prometedor presente. Un lugar donde el arte y la esencia mediterránea salen al encuentro. Una ciudad hecha a medida del hombre, donde pasear para descubrirla es un placer para los sentidos.

Placeres para los sentidos

Rincones tranquilos y sosegados como Moratalla, Mula, Bullas, Cehegín, Caravaca, Jumilla, Yecla, y un sinfín de pequeñas localidades abren sus puertas al viajero que quiera perderse durante unas horas entre encinas, pinos, robles y sabinas, visitar yacimientos arqueológicos, conocer modos de vida tradicional y sentarse a la mesa para reponer fuerzas con un reconfortante guiso, unas migas una sabrosa carne de caza, todo regado con una botella de buen vino de la zona, con Denominación de Origen.